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Rebeca Valls: «Chéjov no hubiera sido el mismo sin Olga y no solo por su relación, sino por el amor que ella tenía al teatro»

Tu mano en la mía llega al Corral los días 11 y 12 de mayo. Rebeca Valls y José Manuel Casany se ponen en la piel de Olga Knipper y Antón Chéjov para mostrarnos un romance epistolar que no solo cambió sus vidas, sino también la historia del teatro universal.



Hablamos con Rebeca Valls, actriz que interpreta a Olga Knipper, la mujer que compartió una intensa relación de amor epistolar con Antón Chéjov y contribuyó a enriquecer la producción dramática del genio ruso y el legado del Teatro de Arte de Moscú. Tu mano en la mía podrá verse en el Corral de Comedias los días 11 y 12 de mayo a las 19:30 h.


Corral de Comedias: ¿Cómo llegas a este texto?

Rebeca Valls: Me lo pasa Santiago Sánchez que es el director y el productor de la compañía. Él es quien me lo manda un día y me invita a leerlo para ver si me apetece formar parte del montaje. Obviamente, me lo leí encantada y en seguida me enamoré. A los amantes de cualquier historia de amor les puede interesar, pero todavía más a los que tengan algo de amor por el teatro, la literatura universal y el deseo de conocer a estas dos grandes figuras tanto de la escritura como de la interpretación. Además, el espectáculo está sacado de las cartas reales y es, por tanto, como leer la intimidad. Es como si ahora cogen mi WhatsApp con mi chico y sacan nuestros 14 años de relación por medio de nuestra intimidad, que al final eran las cartas en aquella época, pero ahora mismo los mensajes de WhatsApp serían todo: los encuentros y los desencuentros. Y es ese viaje desde el primer amor, cómo te vas conociendo y hasta el final de la relación. A mí, me dio muchísimo respeto leer algo que era tan verdadero.

CC: ¿Conocías ya esta historia de amor?

R.V.: No, no conocía su historia. Conocía las obras de Chéjov porque las he trabajado tanto en la escuela como después profesionalmente. Conocía un poco la relación de Chéjov con las mujeres y sabía que él no quería casarse, y que finalmente se había casado con Olga, pero no sabía nada más.

Una de las grandes incógnitas que tiene para mí el Teatro de Arte de Moscú es que siempre nombran a Stanislavski y Nemiróvich-Dánchenko e incluso en Wikipedia ahora mismo quien quiera saber quién fundó el Teatro del Arte va a descubrir que lo fundaron 39 personas; pues entre ellas estaba Olga Knipper. Y ahora si la buscas en internet aparece como Olga Knipper Chejova, obviamente la relacionan directamente por sus últimos años en los que se casa con él, pero ella fue mucho más que la mujer de Chéjov. Fue una de las fundadoras del Teatro del Arte y cuando él muere fue ella quien llevó ella sola este teatro y esa forma de hacer teatro hasta el final de sus días. En Rusia ella es muy conocida, pero no lo es tanto fuera de allí, y me parece que es un gran descubrimiento poder, a través de esas cartas, traer la figura de Olga Knipper a los espectadores.

CC: ¿Quién es Olga Knipper?

R.V.: Ella en su época fue una persona revolucionaria. Ella amaba el teatro por encima de todo y amaba la literatura. Ama todo el teatro que escribe Chéjov y ella es de las que consigue que Chéjov, en ese enamoramiento y ese amor al teatro que ella le impulsaba, escriba las últimas obras. Chéjov no hubiera sido el mismo sin Olga y no solo por su relación, sino por el amor que ella tenía al teatro y a esa forma de hacer teatro.

Aparte en lo personal ella para mí es una persona increíble también. Hay cosas que me dan mucho respeto. No estoy segura de que haya cosas de esas cartas que ella quisiera que se supieran. La manera en que me enfrento a este personaje y a esta obra es desde el máximo respeto y amor, porque sé lo que es que, de pronto, cuenten tu vida encima de un escenario. Son intimidades que al final no sé si ellos dos estarían de acuerdo, conformes. Me gusta pensar que sí porque hay muchas cosas que son muy hermosas en la relación. Además, gracias a estas cartas se conoce el proceso de creación de La gaviota, ellos se conocen en la lectura. Y después el proceso de creación de Las tres hermanas y ver cómo ella se enfrenta a su personaje. La escritura de El jardín de los cerezos, cómo llega a escribir esta obra basándose en lo que están viviendo.

Es muy hermoso saber de dónde nace ese humor, todo lo que ha ido pasando en la vida de ellos dos y que aparece reflejado en la obra. Y ver y escuchar de la mano de Olga cómo eran los estrenos, la vivencia de los ensayos. Son cosas tan íntimas que al final considero que es muy bonito que la hermana de Chéjov, a pesar de las peleas que tenía con Olga, no se llevaban nada bien, tomase la decisión de editar las cartas. Y al final creo que ha hecho muy bien porque nos da un testimonio de todo ese amor que tenían, y de todo ese tipo de creación y de sabiduría que los dos compartían.


CC: ¿Cómo vive Olga a través de la obra su relación con Antón y con el teatro?

R.V.: Ella es una apasionada, entonces vive este viaje de manera muy apasionada pero muy insegura. Es esa vulnerabilidad e inseguridad que nos caracteriza a los actores por el hecho de que nos podemos poner en la piel de todos los demás. Ella necesita y admira muchísimo la figura de Chéjov, y a la vez tiene mucha sabiduría. Creo que el poso de él hacia la vida le aporta mucho, con ese humor que él ya tenía estando enfermo de tuberculosis a los 38 años, ya que es esa enfermedad la que los mantiene alejados, y que hace que ella tenga que vivir apartada de él.

Esa distancia que es la que nos dan esas más de 400 cartas, que podemos ver en la función, hace que podamos ver esa admiración, esa pasión, esa inseguridad que tiene ella y al final ese volcarse a la vida. Ella ama la vida, igual que Antón, pero él no puede demostrarlo de la misma manera. Tienen además un respeto absoluto. Hay momentos que ella le dice que va a dejar el teatro para irse con él y cuidar de él. Y él se lo niega: «Tu vida es el teatro y lo respeto profundamente», le dice. Ellos llegan incluso a entender que pudiera haber otros amores en sus vidas, hasta tal punto era el amor y la admiración que se profesaban. Y por eso, todo eso se plasma en las obras de Chéjov que al final es el alma humana en contradicción suprema.

CC: Se cruzaron más de 400 cartas. Esta relación está marcada por la emoción y por el humor. ¿Qué crees que aporta a su relación esa condición epistolar?

R.V.: Hay algo en esas relaciones a distancia que teníamos antes que se ha perdido, hay algo en ese poso de escribir y de la espera, en esa espera cuando todavía no ha llegado la carta. Incluso a veces se mandan caramelos y eso aparece en la obra. Esa relación epistolar lo que crea es una diferencia de lenguajes entre él y ella. Ella es mucho más impulsiva que él; él ve la vida desde otro lado. Se están amando y enseñando muchas cosas el uno al otro desde esa pasión que él puede haber perdido a consecuencia de su enfermedad, a esa calma que él le enseña a ella y esa sabiduría. Son palabras que están decididas. Y eso se ve en el alma de esas cartas.

La relación epistolar lo que tiene de bonito es lo mismo que pasa cuando nosotros vamos al teatro, que desconectamos, apagamos el móvil y nos regalamos un momento para el alma, para hacer un viaje para escuchar, para esperar a ver qué nos cuentan. Es cerrar un momento esa inmediatez de la vida para escuchar esa relación epistolar con esa calma y esa sabiduría.

CC: «El amor es un escándalo de tipo personal». «La felicidad no existe; lo único que existe es el deseo de ser feliz», declaró Chéjov. ¿Cómo te resuenan a ti estas dos afirmaciones de Antón después de haber compartido este gran viaje con Olga?

R.V.: Él es muy divertido en su manera de pensar, sentir y expresar, creo que tiene hasta pudor de mostrar; también siente un poco ese ridículo cuando uno se expone o siente cosas que llegan a ser ridículas para uno mismo. Él se sentía un poco ridículo en ese sentido cuando sentía lo que sentía. De hecho, es la misma Olga quien le pide matrimonio a él para que, por favor, empiecen alguna vez a vivir juntos. Ella le pide que le conteste en serio y que no haga una broma de ello. Y él le responde con una broma y no le responde a la pedida de matrimonio. No es hasta la segunda vez, con una nueva carta, cuando él le dirá que está de acuerdo. Y le dice: «Vale, pero no vamos a ser de las personas que vamos con una cara de idiota ante la gente, ni vamos a mostrar ningún afecto en público y nos casaremos en privado». Esa es la maravilla de Chéjov.

Y respecto a la otra frase, ese deseo de ser feliz es lo que mantenía vivo a Chéjov. Él es muy consciente de que la felicidad no se puede alcanzar nunca, pero ese deseo es lo que hace que las personas nos mantengamos vivas con esa esperanza.

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