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Sergio Santiago: “No tengo miedo de subir la filosofía al escenario”

Bruno. (Miércoles de ceniza) es la segunda obra de una trilogía que explora la idea filosófica del panteísmo y llegará al Corral el próximo 16 y 17 de noviembre con motivo de la celebración del Día de la Filosofía.

Sergio Santiago dirige Bruno (Miércoles de ceniza), una pieza basada en la historia del filósofo, astrónomo y teólogo Giordano Bruno, figura clave del panteísmo. Tras el éxito de la pasada temporada con Maldito Espinosa, la compañía Theaomai estrena en el Corral con dos funciones la segunda de las obras que formarán una trilogía donde cada una de ellas trabajará con un referente de la doctrina panteísta.

Bruno (Miércoles de ceniza) oscila entre el siglo XVII y la actualidad con el personaje de Carolina, una monja que comparte similitudes con Giordano Bruno. La representación, escrita por Sergio Santiago, podrá verse en el Corral de Comedias el 16 y 17 de noviembre y formará parte del ciclo ‘Día de la filosofía’. Hablamos de la obra con Sergio Santiago, director de la pieza.

PREGUNTA: ¿Cómo nace la compañía Theaomai?

RESPUESTA: Tiene su origen en el teatro escolar, en un instituto de educación secundaria. Rosa Fernández y yo somos los fundadores de la compañía y ambos ofrecíamos formación teatral a adolescentes de Leganés de forma gratuita porque muchos no podían pagarse una escuela de arte dramático. Para mí es importante señalar que todo nace en el teatro de base, en la formación actoral, es un teatro muy vinculado con la pedagogía teatral.

Con el tiempo, algunos de los estudiantes pasaron a estudiar arte dramático y se han convertido en actores profesionales. Ahora mismo, ese proyecto escolar sigue en marcha y lo llevan algunos de nuestros colaboradores y yo sigo participando. Existe un grupo de adolescentes y luego tenemos el grupo ya profesional que se ha ido consolidando como compañía.

P: ¿Cómo habéis construido esta obra?

R: Es la segunda pieza de una trilogía. La primera, Maldito Espinosa, tuvimos la inmensa suerte de que también pudiera verse en el Corral el año pasado. Bruno forma parte de un trío de obras que explora la idea filosófica del panteísmo. Nos hacemos la pregunta de qué hubiera pasado si las tres religiones principales: cristianismo, judaísmo e islam no hubieran reprimido con gran dureza a figuras como Baruch Spinoza, Giordano Bruno o Averroes, que decidieron pensar lo divino desde otro lugar, desde una visión más holística, orgánica, panteística.

P: ¿Qué se va a encontrar el público que vaya a verla a Corral?

R: En esta obra nos vamos a encontrar una aproximación al proceso de Giordano Bruno, que murió en la hoguera en 1600 condenado por la Inquisición Romana por sus ideas sobre Dios y sobre algunas otras cuestiones que ponían en peligro las nociones científicas que aceptaba la Iglesia. Es una obra que, por un lado, tiene muchas obras dentro porque, por su contexto, es un drama histórico porque nos acercamos a un período muy negro de la historia moderna. Pero, por otro, es una comedia de ciencia ficción porque toda la teoría de Bruno de los mundos posibles y de la vida en otros mundos nos lleva a un panorama un poco loco de encontrarnos con extraterrestres en el Vaticano.

En última instancia, yo quisiera que fuera una obra filosófica que contrapone dos maneras de entender el mundo, y además, las pondera sin ridiculizar. Sería muy fácil hacer una obra caricaturizando a la Iglesia o a los hombres que condenaron a Bruno. Nos ponemos en su piel, sobre todo a través del personaje del cardenal Roberto Belarmino, al que no queremos pintar como un malo de Disney, sino como un intelectual muy importante y el miembro más destacado del tribunal que le condenó. La grandeza de la obra de Giordano Bruno aumenta con la importancia de sus enemigos; no eran unos bárbaros, sino también gente muy letrada.

P: ¿Cómo conectan unos hechos del siglo XVII con lo que le sucede a Carolina en la obra?

R: Esto es lo más difícil a la hora de plantearnos la obra, pero también lo hicimos con Spinoza. Nuestra premisa siempre en esta trilogía es: no queremos hacer ni teatro arqueológico ni filosofía arqueológica. Lo que queremos es ver en qué medida el pasado y la historia de la filosofía nos interpelan en el presente.

En este caso, el personaje de Carolina es una científica, exactamente igual que Bruno. Es una monja que estudia astrofísica, que ha tenido una enorme proyección e incluso ha llegado a recibir algún ofrecimiento laboral por parte de la NASA. Esto levanta suspicacias en el Vaticano. El Vaticano, por supuesto, no va a quemarla, pero hay otras formas de incendiar el legado y la obra de alguien.

Nosotros nos planteamos: ¿y si hubiera sido de otro modo? ¿Y si hubiera existido una Iglesia que no hubiera quemado a Bruno? ¿Y si hubiera un mundo posible en el que las cosas fueran de forma diferente? Yo creo que es obligación del teatro pensar los otros pasados posibles, cosa que la historia no puede hacer porque es algo que se cierra sobre sí misma.

P: ¿Qué conocimientos que dictaron la sentencia de Giordano Bruno podemos aplicar en nuestro día a día?

R: Bruno fue condenado en buena medida por poner en tela de juicio las estructuras del sentido común. Uno de los motivos de la condena fue la defensa del heliocentrismo, el pasar de los siglos ha demostrado que ninguna religión ha desaparecido por admitir que la tierra gira alrededor del sol. No es un problema teológico, pero ponía en duda verdades que se aceptaban de forma acrítica. El verdadero motivo de su condena es que puso en tela de juicio estructuras que tenían que ser respetadas como algo que no podía ser cuestionado. A nadie le importaba qué giraba en torno a qué, el problema es que Bruno dijo que la Iglesia estaba equivocada.

Eso conecta con nuestro presente porque existen cuestiones sobre las que no se puede disentir. Vivimos en un mundo en el que la mentira está muy camuflada con la verdad. Igual que cuando miramos en el horizonte parece que es el sol el que se mueve, tenemos ser capaces de poner en tela de juicio incluso lo más evidente.

P: ¿Cómo digerís el éxito después de haber recibido el Premio Godot del Público por Maldito Espinosa?

R: Ha sido milagroso todo lo que nos ha dado Spinoza, no solo veinte representaciones en Madrid con lleno completo en el Pasillo Verde. La posibilidad de representar Maldito Espinosa en un escenario del siglo XVII como es el del Corral de Comedias de Alcalá fue un sueño para nosotros. Y luego cerrar la temporada con el premio del público fue una muestra del apoyo y del cariño de tantísima gente que ha secundado nuestro proyecto.

Tampoco nos lo creíamos mucho cuando estuvimos en la gala, estábamos en una nube. Estar ahí con personas a las que solo podemos admirar y respetar y con profesionales a los que solo queremos parecernos, fue algo increíble. Esto nos deja con una gran inquietud de qué nos traerá Bruno, ojalá que cosas tan buenas como Maldito Espinosa. Para una compañía que está empezando y además formada por gente muy joven es un éxito rotundo. Nos da vértigo y no sabemos si será posible repetir ese éxito tan grande, modesto.

P: ¿Cómo afronta un elenco tan joven estrenar Bruno en un teatro como el Corral?

R: Con enorme respeto, con muchísimo miedo y también con un gran sentido de la responsabilidad. Somos conscientes de la altura del escenario al que nos estamos subiendo. Trabajamos con una exigencia enorme y sabiendo que tenemos unos pocos meses para tener una obra a la altura del Corral, pero, precisamente esto, nos tiene muy motivados.

P: ¿Qué respuesta esperáis recibir por parte del público?

R: Cuando hicimos Maldito Espinosa yo pensaba que iba a ser un fracaso porque traerle la filosofía al público podía ser árida y terrible. Luego nos encontramos que, desde profesores de filosofía de universidad, que eran los que más podían saber sobre la cuestión, hasta personas que prácticamente no tenían ningún contacto con la filosofía, eran capaces de seguir la obra, de entrar en ella, disfrutarla y de quedarse en el nivel de lectura que eligieran.

Después de la experiencia con Spinoza no tengo miedo de subir la filosofía al escenario, porque además, en este caso, la obra juega más con la comedia. Es una obra mucho más ligera que Maldito Espinosa. Tengo la sensación de que, si Maldito Espinosa gustó y nos trajo tantas cosas buenas, Bruno hará que la gente se lo pase bien y que reflexione, piense y disfrute y ojalá que se puedan ir del teatro con alguna pregunta.

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