Ramón Verdugo: “Las decisiones de los adultos no toman en cuenta a las infancias”

Ramón Verdugo, al frente de Tijuana Hace Teatro, presenta Mi sueño de invierno en el Corral de Comedias

Ramón Verdugo | Foto cedida por el director

Una entrevista de Gabriel Pérez de Castro

El Corral de Comedias de Alcalá de Henares continúa la temporada 2025‑26 con un emocionante espectáculo de la compañía mexicana Tijuana Hace Teatro, cuyo texto, escrito por la dramaturga española Nieves Rodríguez Rodríguez, obtuvo el XXII Premio ASSITEJ de Teatro para la Infancia y la Juventud. La propuesta forma parte de la apuesta hispanoamericana del Corral, que busca abrir el escenario a nuevas voces y estéticas que dialogan con problemáticas contemporáneas desde una sensibilidad profundamente humana.

La obra sigue la historia de Yaryna, una niña que, siete años después de huir de Ucrania por la invasión del territorio, revive el viaje de su familia en busca de asilo. Un proceso marcado por la espera, la incertidumbre y el llamado “síndrome de resignación”, que afecta a muchos menores tras experiencias de exilio forzoso.

Pregunta: ¿Qué fue lo primero que te atrapó del texto original cuando lo leíste por primera vez?

Ramón Verdugo: Yo creo que la primera lectura que hice de este texto fue justamente en un festival de teatro, donde iba a ser premiado. El libro me llegó antes. Yo no conocía a la autora y lo leí en una tarde, así, de un tirón. Me pareció un texto muy conmovedor, no solamente por la historia que se cuenta, sino por la manera en que está narrada: cómo se va hilando el relato, pero también las capas familiares que aparecen.

Entonces creo que me conmovió mucho cómo un tema de esa magnitud podía tratarse con una estructura y una poética tan particular, y que al final me hacía pensar que era un texto urgente de poner en escena. Sentí que era como una caricia al alma cuando lo leí y así lo imaginaba también al montarse en escena.

P: Esta obra habla de esta familia ucraniana en 2014; sin embargo, es un tema muy actual. ¿Qué resonancia encuentras hoy, más de una década después, en el contexto actual?

R: Sí, mira, justamente por el contexto mundial, pero también local. Nosotros vivimos en la ciudad de Tijuana, Baja California, que es una ciudad fronteriza con Estados Unidos. Entonces, el tema de la migración, de los refugiados, toda la cuestión “legal” para las personas, lo hemos vivido de cerca. Ahora, lo hemos vivido de tal manera que a veces tristemente lo hemos normalizado. Sin embargo, particularmente en los últimos cinco años, lo que veo es que es un fenómeno que cada vez aparece en más geografías, y que las historias alrededor de esas geografías son muy distintas, pero todas tocan un tema importante: una de las áreas más vulneradas son los niños.

Yo creo que no solo tiene vigencia, sino que también es un recordatorio de que las decisiones que se toman desde la edad adulta a veces no toman en absoluta consideración a las infancias. Entonces ahí encuentro uno de los principales ecos, sobre todo ahora, porque veo tristemente en las noticias la cantidad de historias en las que las infancias son las más vulneradas y parece que nadie las escucha.

P: ¿Qué desafíos creativos implica dirigir a una actriz que interpreta a un personaje que está dormido durante tanto tiempo en escena?

R: En la obra hay un personaje que nos habla: ella ya es una joven de 17 años y está escribiendo un diario de la etapa en la que estuvo dormida cuando le dio el síndrome de resignación. Esa etapa corresponde sobre todo a los meses de espera en los que la familia aguardaba saber si les iban a dar asilo o no.

La obra se construye entre la escritura de ese diario a los 17 años y los momentos de esa etapa en la que ella era una niña dormida y escuchaba cómo su familia intentaba sobrellevar el problema: la visita de una doctora, el transcurrir cotidiano de esa familia que, por más que quisiera ser cotidiano, no lo era.

El reto fue cómo conservar esa sensación de fractura dentro de un hogar, pero también de silencio y de tensión, y cómo traducir eso al lenguaje teatral. Cómo hilarlo de forma que resulte interesante, pero que logre acompañar ese momento de incertidumbre.

Creo que uno de los retos más grandes fue sostener esa incertidumbre y esa tensión pensando también en el público: no puede quedarse todo en una misma nota, tiene que haber progresión, pero sin perder esa atmósfera de espera, que en realidad puede ser más dura que una mala noticia.

Ese fue el reto: construir la atmósfera que vive esta familia, que además es la que viven muchas familias que están siempre esperando si ese nuevo lugar en el que viven puede convertirse en su hogar.

«Una obra como esta es una oportunidad para reconocer que existen otras realidades de otros y otras jóvenes, otras maneras de habitar el mundo»

P: La obra recibió el Premio ASSITEJ España de Teatro para la Infancia y la Juventud. ¿Qué esperas que encuentre el público joven en este relato?

R: Pienso que las personas jóvenes viven hoy una cantidad enorme de estímulos: tecnologías, redes, televisión, internet… muchas formas de conocer el mundo. Pero suelen vivir sobre todo la realidad de su entorno inmediato.

Una obra como esta, o el teatro pensado para jóvenes que aborda temas que quizá no son cotidianos para ellos, es una oportunidad para reconocer que existen otras realidades de otros y otras jóvenes, otras maneras de habitar el mundo. También para generar empatía por quienes viven estos procesos y para revalorar su propia perspectiva: dónde están ellos ahora, qué les ha tocado vivir.

No se trata de decirles “miren, hay gente que sufre”, sino de compartir que hay otras situaciones en el mundo y que ese mundo no nos es ajeno. Generar empatía y ayudarles a situarse en su propio presente. Eso es lo que me gustaría pensar que una persona joven puede encontrar en esta obra.

P: Desde el punto de vista escenográfico, ¿con qué elementos juega el elenco?

R: Más que una escenografía realista o cargada de elementos, necesitábamos pocos objetos que ayudaran a crear la atmósfera y que permitieran la interacción de los actores en un espacio pequeño, casi vacío, donde se genera todo el juego escénico. El espacio es muy sencillo, minimalista. Al fondo hay una pared fragmentada, y de ahí emerge la figura de un músico, que está presente durante toda la obra. Da la sensación de que la pared está rota y de que él sale de ahí. Además de ese fondo, tenemos tres bancos y una silla que permanece vacía gran parte del tiempo y que en algunos momentos es ocupada por la actriz que representa a la niña dormida. Con eso y una maleta buscamos contar la historia.

La luz fue un elemento clave. Durante la lectura del texto, me di cuenta de que es recurrente la idea de la luz: ella está dormida, pero se habla mucho de las fuentes de luz. Usamos varias: lámparas, luces manuales y luces incorporadas en la escenografía. Queríamos un marco que ayudara a generar la atmósfera de un hogar fragmentado, pero iluminado con luces y sombras. Hay mucho juego con la sombra, el contraluz y una luz más fría que cálida.

P: Por último, este montaje llega al Corral dentro de la apuesta hispanoamericana de la temporada. ¿Qué significa para ti presentar la obra en este contexto?

Cuando se abrió la posibilidad y recibimos la noticia de que Mi sueño de invierno podía presentarse allí, fue un impacto emocional en varias capas. Primero, que desde el Corral se observe el trabajo que hacemos en Latinoamérica establece un vínculo histórico. Para nosotros, conocer el Corral y su historia, todo lo que representa la tradición de los corrales de comedia en España, ya era muy significativo. Llegar al Corral de Comedias de Alcalá es una segunda capa de emoción.

Además, llevar una historia contemporánea que dialoga con ese espacio histórico nos parece muy potente. Y, por último, otra capa importante es que somos una compañía mexicana con un texto de una autora madrileña. Que el estreno en la Comunidad de Madrid sea ahí nos parece un momento muy simbólico para la compañía y para la obra.

Estamos muy contentos de estar en el Corral y de encontrarnos con un público español, distinto al público mexicano, para hablar de algo universal. Muchas veces se habla de lo local para llegar a lo universal; en este caso, una compañía mexicana trabaja con un texto español sobre una familia que pide asilo en Suecia, y sin embargo resuena tanto en Europa como en Latinoamérica. Hay muchos niveles de emoción y de vínculo, y nos parece una oportunidad extraordinaria para compartir este trabajo con ustedes.

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